Estudié economía y negocios y en todas las materias de administración y mercadeo siempre teníamos que definir cuál era la propuesta de valor de cada empresa (real o inventada) que estudiábamos. Si algo he aprendido en diez años participando en programas nacionales e internacionales, y dos años y medio en el mercado laboral, es que esto también aplica para las personas: ¿qué nos diferencia del resto de candidatos que postulan a una oportunidad?
Cuando postulamos a una convocatoria, debemos tener definida de entrada nuestra propuesta de valor personal. Si pensamos en Starbucks, no pensamos necesariamente en que su producto ofrecido es café. Pensamos en la experiencia que nos dará el hecho de ir y pasar tiempo ahí, tomar una foto de nuestra bebida y compartirla en redes sociales. Ese era el clásico ejemplo que siempre veíamos en mis materias de negocios. Y esa propuesta de valor también debemos tenerla clara para nosotros mismos. Algunos atributos que podemos usar para contestar esta pregunta son los siguientes:
Atributos de nuestra propuesta de valor personal

Fuente: Elaboración propia.
- Atributos innatos. En varias ocasiones las convocatorias priorizan a los candidatos según su género, origen socioeconómico, lugar de origen u otra cualidad semejante. Un objetivo de esto, además de buscar representatividad, es que haya diversidad de participantes que compartan sus puntos de vista según su background (experiencias personales previas). En mi caso, ser originario de San Miguel, una de las ciudades de El Salvador que más migrantes indocumentados tiene hacia los Estados Unidos es parte de lo que me brinda ventaja. ¿Por qué? Porque la gran mayoría de los jóvenes migueleños no tienen la oportunidad ni siquiera de terminar la educación básica, pero yo he sido afortunado y he podido avanzar en mi carrera. Además, puedo compartir mis puntos de vista sobre las limitantes estructurales que enfrentan los jóvenes de mi ciudad natal, convirtiéndome en una especie de “embajador”.
Valga aclarar que no considero sostenible basar nuestra propuesta de valor personal solamente en este tipo de atributos. Es necesario enriquecer otros más significativos y de relevancia para un mundo competitivo como el que vivimos, como los que mencionaré a continuación.
- Atributos de intereses profesionales. Es difícil tratar de destacar en múltiples ámbitos y debemos definir uno solo, pero dentro de uno en específico debemos definir cuál es nuestro principal interés. En mi caso, me apasionan las políticas públicas, pero siendo más concreto, me interesan las enfocadas en fortalecer las capacidades humanas de la población como entes capaces de contribuir al desarrollo y bienestar social. Eso es parte de mi propuesta de valor personal (y también de mis objetivos y visión) y alrededor de eso he ido forjando mi trayectoria académica y profesional.
- Atributos de trayectoria. El atributo anterior se vincula con nuestra trayectoria de formación, proyectos sociales, emprendimiento y trabajo. La experiencia que cosechamos valida la capacidad que tenemos para generar resultados y manda señales a los comités de selección de lo que somos capaces de lograr y el potencial que tenemos de seguir llegando más lejos. Durante el Programa Jóvenes Líderes Iberoamericanos 2018 de la Fundación Carolina, en Madrid, un directivo del Banco BBVA nos dijo: “Estáis aquí no solo por lo que sois, sino por lo que sois capaces de llegar a ser”. Por eso, los comités siempre buscan encontrar personas con potencial. Yo enfoco mi trayectoria en que, durante diez años, he podido contribuir al país como líder de proyectos sociales y como servidor público.
- Atributos de nuestra visión y metas a futuro. Todos los atributos están interconectados. Así, podemos vincular los mencionados previamente para expresar qué queremos lograr a futuro y dónde nos vemos, de la manera más concreta posible. El año pasado, para mi postulación al Programa Fulbright debía indicar cuáles son mis planes de estudio y cómo me servirán para mi desarrollo profesional. Para eso me apoyé en mis atributos que ya les he ido mencionando como ejemplo. En suma, espero que todos ellos me sirvan para, en el largo plazo, llegar a ser un tomador de decisiones del sector público o de organismos internacionales.
Hace algunos días pregunté en mi Facebook e Instagram qué les gustaría saber de cómo venderse en oportunidades. Usaré esas preguntas para irlas contestando al final de mis entradas. Una de ellas decía:
¿Cómo saber si la hicimos bien o hay que buscar otra oportunidad?
R// Por un lado, siempre habrá miedo, incertidumbre y ansiedad por saber si lo hicimos bien o mal. Los nervios siempre estarán, pero hay que buscar destacar y reducir lo más posible todo riesgo de fracasar. Y si no se da, es de evaluar qué podemos mejorar, porque siempre se aprende del proceso para no repetir los errores a futuro. Por otro lado, basado en lo que les he contado, creo que las oportunidades a las que apliquemos deben conectarse en nuestra propuesta de valor personal, porque es donde tenemos un perfil más fuerte y con potencial, con relación a otros candidatos. Es, hasta cierto punto, ineficiente aplicar a algo para lo que sabemos que no tenemos un perfil competitivo.
Por último, les recomiendo la lectura Y tú, ¿qué marca eres? Me parece muy buena para ahondar en definir nuestra propuesta de valor personal.
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